En “Sólo por una noche”, Will Gluck vuelve a demostrar como director su dominio de una de las reglas más difíciles de la comedia romántica: cuando el mundo alrededor de una pareja se vuelve intencionalmente absurdo, el éxito de la película no depende de la extravagancia de la premisa, sino de la química entre sus protagonistas. La química sexual entre Monica Barbaro y Callum Turner es tan explosiva y real que sacan chispas de la pantalla.
La trama imagina un Nueva York distópico en el que las relaciones sexuales prematrimoniales están prohibidas durante todo el año, salvo durante una única noche en la que las personas solteras reciben autorización para mantenerlas. Es como día festivo sexoso de 12 horas por lo que todos los que no tienen compromisos legales ante la ley se preparan para una celebración que mezcla ansiedad, deseo, presión social y una desesperada necesidad de conexión.
En víspera de esa esperada noche conocemos a Owen (Turner), un atractivo “chico bueno”, quien es dueño de una pizzería y que esa noche planea proponerle matrimonio a su novia, Malika (Maya Hawke), con la que lleva 3 años. Sus planes no salen según lo planeado pero su madre, Linda (Molly Ringwald), a regañadientes lo convence aprovecha la oportunidad que está noche única ofrece y busque una muchacha.
A la par, conocemos a Allie (Barbaro), una romántica empedernida que cree que incluso en una noche planeada alrededor del sexo, puede florecer una conexión genuina. Como todos los solteros de la ciudad, sale corriendo de su trabajo cantando jingles para comerciales para encontrarse con su mejor amiga, Jacinta (King Princess), en busca de su príncipe azul. Sin embargo, en menos de tres minutos en el bar, Jacinta ya se ligó a un muchacho guapo y dejó a Allie sola. Decepcionada, regresa a casa con su roomie Arya (Quintessa Swindell), quien la anima a salir y conocer a alguien nuevo.
Al salir de su departamento, Allie se topa con Owen. La chispa entre ellos es innegable, pero Allie decide no dejarse llevar por una aventura fugaz. En lugar de acostarse, terminan accidentalmente como compañeros de búsqueda: cada uno ayudará al otro a encontrar una pareja ideal para aprovechar la libertad anual que tienen. Sin saberlo, esa noche transformará sus vidas para siempre.
Lo mejor del guion de Travis Braun es que lo extravagante de su premisa del celibato impuesto no se roba el foco. Aunque a simple vista parece una comedia sexual moderna e irreverente, en el fondo esconde una historia de amor clásica sobre dos personas que creen que andan buscando una cosa, pero en realidad necesitan otra. Mientras más se esfuerzan por encontrar a alguien diferente, más claro se ve que la persona que de verdad les late está ahí mismo, a su lado.
Los protagonistas son el alma de la película. Turner, aunque atractivo, interpreta a un hombre común y corriente: vulnerable, a veces torpe y sin pretender ser superior ni seguro de su físico. Su interpretación, deliberadamente desorientada, hace que sus momentos de desconcierto sean tan graciosos como sus intentos por recuperar el control. Barbaro, en cambio, nos da una protagonista segura, divertida y, sobre todo, nada ingenua. Es independiente pero cree en la conexión real en una época alocada. La química entre ambos es el verdadero motor de la película.
Para terminar, “Sólo por una noche” brilla por su habilidad para no tomarse demasiado en serio con una premisa que fácilmente podría haberla hundido. Además, está llena de cameos muy chistosos e ingeniosos que te sacan carcajadas, igual que los jingles de Allie. Pero lo que de verdad la hace especial es que nos hace querer que el amor gane al final, convirtiéndola en la película ideal para enamorarte este verano. Es el toque fresco que le faltaba a la cartelera veraniega.





